Biometría: la mina de datos detrás de la identidad digital

Contorno de la mano, huella dactilar, iris, retina, voz, rostro, patrones de las venas, trazos de la firma, son tan solo algunos de los datos biométricos producidos a partir del cuerpo humano. Universales, únicos y permanentes constituyen la información de carácter personal con el fin de saber ¿quién es usted? y si ¿usted, es realmente usted? mediante la biometría morfológica o biológica y la biometría del comportamiento.

 

 

Recurrir a la biometría parece ser hoy en día la solución tecnológica más simple, rápida y eficaz con fines de identificar y autenticar una persona. En los últimos años los sistemas de medición biométrica se han democratizado y muchas aplicaciones utilizan esta tecnología que se penetra progresivamente en todas las áreas de la vida cotidiana: realizar pagos, desbloquear el teléfono celular, controlar el acceso a edificios, identificación forense, identificarse en los aeropuertos, entre muchas otras aplicaciones.

Los tipos de datos biométricos se agrupan en dos grandes categorías de la biometría. La primera corresponde a la biometría morfológica o biológica, la cual se se basa en la identificación de los rasgos físicos de los individuos, incluyendo el reconocimiento de las huellas dactilares, la forma de la mano, los dedos, la red venosa, la cara, la retina e iris del ojo; el ADN, la sangre, la saliva o la orina usados principalmente para el campo médico o para investigaciones criminales.

La segunda se trata de las nuevas estrategias de autenticación biométrica para establecer la identidad de alguien. Es la biometría del comportamiento vinculada al análisis de ciertos comportamientos de una persona como por ejemplo: la forma de moverse, su voz, sus pasos al caminar, la forma de escribir en un teclado o la dinámica al firmar en cuanto a la dirección, inclinación y presión ejercida sobre el estilógrafo.

Muchos de estas medidas pueden contener más información personal y revelar muchos más datos del individuo. Es decir que se puede deducir información secundaria a partir de ciertos análisis. Por ejemplo, de la lectura del iris se podría conocer una enfermedad que tenga la persona; de la forma de caminar se podrán determinar otras características como la edad, estatura, peso, o alguna discapacidad; la forma de las orejas podrían, por ejemplo, revelar el origen racial.

Unas técnicas son más estables, seguras y maduras que otras. Otras son menos conocidas. Pero todas se basan en identificadores de datos únicos compuestos de información sensible: nuestras huellas pueden estar por todos lados y nuestra voz puede ser fácilmente registrada, con graves consecuencias en caso de robo, pérdida o divulgación descontrolada de toda esta información íntima que no puede ser modificada. Es por esto que deben ser prudentemente protegidas una vez que se establece la necesidad de recopilar medidas biométricas universales, únicas y permanentes.
Fuente: Decideo.